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    Escritura como resistencia

    • Foto del escritor: Raquel Montes
      Raquel Montes
    • 17 sept 2025
    • 2 Min. de lectura

    Hace unos años, en una reunión de trabajo en una institución cultural, alguien dijo una frase que todavía hoy me produce asombro: «¿Qué tiene que ver la cultura con la política?» Creo que todos los que la escuchamos nos quedamos boquiabiertos, o bien esa persona no había visto una obra de arte en su vida, o no había entendido nada de lo que había visto. Como fue el caso aquella vez, y como lo es siempre que alguien pronuncia una frase así, lo que realmente se busca es silenciar la disidencia, la denuncia, el dar visibilidad a injusticias y abusos. El arte se nutre de la vida y el artista es un ser que está en el mundo, que lo siente y que lo experimenta. Esto no quiere decir que todo el arte tenga que ser de denuncia, pero, al menos una parte sí lo es por esa razón obvia. Pensemos en el Guernica, en Goya…  


    Me vinieron a la cabeza esas palabras, hace unos días, releyendo 1984; y la indignación sentida después del estupor. No me pareció casualidad que Orwell eligiera iniciar su novela precisamente así, con el protagonista escribiendo a escondidas en un diario. Porque la escritura, como cualquier ejercicio artístico, no es un mero pasatiempo decorativo, es un ejercicio de procesamiento de la realidad, es una forma de pasarla por el tamiz de nuestra intimidad. Al escribir ponemos en orden nuestros pensamientos, analizamos lo que nos ocurre, liberamos nuestras emociones y, al hacerlo, somos más libres de entender nuestros comportamientos. Estoy convencida de que también somos menos manipulables. Camus escribió: «Los tiranos saben que hay en toda obra de arte una fuerza emancipadora».


    Para liberar esa fuerza emancipadora no hace pensar en que hay que producir una obra de arte o en escribir un libro, basta con el simple ejercicio de escribir un diario, como Winston, el protagonista de 1984. Cultivar nuestro “jardín interior” es un ejercicio también de responsabilidad y de compromiso, hacia nosotros mismos primero, pero también hacia la sociedad de la que formamos parte y en la que somos ciudadanos. Un simple cuaderno en el que cada día apunto lo que ha ocurrido y cómo lo he vivido, en el que registro observaciones, frases, preguntas sin respuesta o, incluso, momentos de apreciación estética son también pequeños ejercicios de resistencia frente a la apisonadora el día a día, del ruido y de la violencia. Dice Orwell: «La herencia humana no se continuaba porque uno se hiciera oír, sino por el hecho de permanecer cuerdo». Y de eso se trata precisamente, de escribir para permanecer cuerdos.


    Hombre escribiendo en una biblioteca

     
     
     

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